Recuerda…

Publicado: marzo 27, 2012 en Uncategorized

Justo cuando estás más tranquilo, justo cuando menos te lo esperas, recibes esa llamada. Para algunos es esperada, para algunos resulta una sorpresa, y no importa el tipo de llamada que sea, la reacción siempre es la misma, la bofetada… es considerable.

– Tu ****** ha muerto. La velocidad de asimilación sufre un declive, parece que a todos nos cuesta asimilar más tiempo cualquier cosa que lleve asociada esa palabra: muerte. Y tardas en procesarlo. Y no es que tardes unos segundos, ni tardes unos minutos… ni siquiera unas horas. Pueden pasar días e incluso meses antes de que en tu cerebro se normalice la idea de que alguien falta, de que ya no estará más. A veces, incluso se dan casos en lo que no se acaba de procesar.

Tu  misma reacción te sorprende, te apenas, lloras sin saber muy porqué, porque en realidad no te lo crees. Ya antes habías estado sin la presencia de esa persona, simplemente aparecía de vez en cuando. Cuando uno está acostumbrado a esto, ¿cómo quieren que se de uno cuenta de la ausencia de alguien a la primera?. Empiezas a vislumbrar la situación, tán sólo breves retazos. Empiezas a pensar en todo tipo de situaciones cotidianas en los que su compañia era necesaria, y empiezas a imaginarte cómo sería sin esa persona. Por supuesto, la mayoría de las veces carece de sentido, incluso intentas sustituirla por otro, pero algo no te cuadra, algo te parece forzado, y como estas descolocado, te apenas. Nada será igual.

Es curioso lo de la primera lágrima, no hablo de la primera lágrima forzada, la que te obligas a soltar porque… joder, alguien ha muerto, hay que llorar. Me refiero a la primera lágrima sincera, a la primera vez que dices… mierda, esto ha pasado, esto es verdad… y no es otro momento que en cuanto te juntas a otras personas que también han perdido a esa persona. Puede ser un abrazo, puede ser una mirada que signifique “¿y ahora qué hacemos?”, la que derrumbe el dique de protección que te habías formado, y todo dentro de ti salga. De repente no tienes fuerzas, de repente tienes que luchar contra un aluvión de pesimismo y tristeza, y cómo no te apetece luchar contra ello… dejas que corra. Por lo visto… es mejor así.

Te dicen que después te sentirás mejor, y tienen toda la razón del mundo. Pero os digo una cosa y espero que os quede bien clara: habrá muchas otras veces que no te apetezca mantener el escudo, y sientas la necesidad de “dejar correr” otra vez toda esa pena que se ha acumulado desde la última vez. Y yo os digo: eh, es bueno, es reconfortante, no os sintáis mal por ello. Es completamente normal.

Pasa el tiempo y todas aquellas situaciones en las que te habías imaginado que ibas a notar su ausencia… se hacen realidad. Y no sabes que hacer. Hasta que formes una nueva rutina, en la que esa persona no esté pasará cierto tiempo, no te puedo decir cuánto, porque no lo sé. Sólo sé que un día dirás… ya está. Como si no hubiera pasado. Y entonces te sentiras culpable por haber olvidado. Pero no os preocupéis, esto también es normal… y más aún… necesario. En esta vida si una cosa es cierta es que hay que recomponerse y mover hacia delante. Si una cosa es cierta es que no hay que estancarse en el pasado. Hay que mirar hacia el futuro. Y vivir en el pasado puede hacer que nunca te completes como persona, puede hacer que no avances nunca y puede hacer que te olvides de todo lo demás que importa en tu mundo.

Mira a tu alrededor, y piensa en los demás, tú también eres necesario, tú también eres imprescindible para la “rutina” de otras personas. No te preocupes jamás por olvidar, porque en realidad no olvidarás nunca. Serás distinto, harás otras cosas… pero durante toda tu vida, sea una vez al año, sea cada día al recordar una canción… recordarás… te pararas en tu camino, mirarás hacia atrás con nostalgia… sonreirás… y seguiras con tu vida.

Y esa es la mejor manera de homenajear a aquellos que para ti han sido importantes y por circunstancias del destino dejaron de existir. A veces te pondrás recto cuando hayas ido encorvado… porque a ella no le gustaba. A veces, aprobarás un examen, y se lo dedicarás a él. A veces, contarás miles de anécdotas y todos os partiréis de risa. Y aunque yo no creo en mundos espirituales, si resulta que tú notas como se le hincha el pecho de orgullo cuando haces algo bien, no te diré jamás que estás equivocado. Probablemente tengas tú razón… y yo no.

Recuerda, por favor… pero cada vez que recuerdes, aunque sea de manera anecdótica… recuerda siempre con una sonrisa.

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